Review – Sekiro: Shadows Die Twice

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Sekiro: Shadows Die Twice (PlayStation 4, Xbox One, PC)
Revisión: PC
Desarrollador: FromSoftware
Publisher: Activision
Lanzamiento: 22 de marzo del 2019
Clasificación: Recomendado 18+

Es imposible revisar Sekiro: Shadows Die Twice sin mencionar los anteriores trabajos de FromSoftware. Tanto la franquicia Dark Souls como Bloodborne, ya son títulos de culto que lograron salir de su nicho y han alcanzado un éxito impensado que se gestó desde Demon’s Souls en adelante. El pasado que precede a Sekiro lo deja con las expectativas altísimas, que además, con un nuevo distribuidor como Activision, plantó muchas dudas en un comienzo.

El juego nos sitúa en el Japón de la era Sengoku, y nos cuenta la historia de Sekiro, o el Lobo de un brazo, un Shinobi que tiene la misión de proteger a Kuro, un Heredero Divino que posee la clave para la inmortalidad. Un guerrero llamado Genichiro está en búsqueda de ese poder, por lo que rapta a Kuro, no sin antes enfrentarse al Lobo, quien pierde el brazo por intentar defender a su amo.

El Lobo es rescatado por un peculiar escultor quien le regala un brazo prostético, el cual será capaz de implementar un montón de accesorios con diferentes funciones como un hacha, shurikens, lanzallamas y muchos más. El que siempre tendremos a nuestra disposición es un gancho que nos ayudará a recorrer los niveles, alcanzar cornisas, ramas y tejados lejanos con total facilidad, lo cual será absolutamente necesario debido a que la gran verticalidad con la que cuentan las escenarios del juego hacen que la movilidad sea un factor fundamental. También contaremos con la posibilidad de saltar, agacharnos, pasar desapercibidos, ocultarnos detrás de las murallas y llamar la atención de los enemigos generando ruidos, nos da muchas posibilidades tanto de sigilo como de escape, por lo que el juego se siente más abierto en comparación a los otros títulos donde el aire y la verticalidad era muy limitada. Los techos de las casas y pagodas serán tan habituales como el suelo firme.

El punto central de Sekiro está en su sistema de batalla. Nuestra katana será nuestra acompañante en cada uno de los enfrentamientos, y si queremos triunfar, debemos perfeccionar nuestras técnicas con ella. Tal como lo dijo el director Hidetaka Miyazaki antes del lanzamiento del juego, todo se centra en el choque de espadas. Tanto nuestro protagonista como los enemigos cuentan con una barra de Postura; esta barra funciona como la capacidad de resistencia al cubrir ataques: impacta al enemigo y deflecta sus ataques y lograrás disminuir su barra. En este punto podrás realizar un ataque crítico que derrotará al enemigo al instante; excepto los jefes, quienes necesitan más de un ataque crítico antes de ser vencidos por completo. Es muy importante saber utilizar el bloqueo, ataque, salto y esquivar, sobre todo a la hora de enfrentarnos a los ataques más peligrosos, los cuales son marcados por un kanji rojo que aparece sobre nuestro personaje y alertan de un peligro inminente. Debemos ser rápidos para reaccionar de acuerdo a cada ataque.

Los enemigos que encontraremos van desde simples soldados samurai, hasta criaturas un poco más extrañas, llegando a lo sobrenatural, aunque nunca escapa demasiado hacia ese lado. La mayoría de los jefes son humanos con habilidades o proporciones exageradas, y con algún poder fuera de lo normal.

La ambientación de Sekiro está más centrada en el mundo real, por lo que si bien no tenemos parajes tan fantásticamente majestuosos como Anor Londo de Dark Souls, o Yharnam de Bloodborne, visualmente sigue siendo un espectáculo. Los paisajes japoneses medievales con su arquitectura y naturaleza imponente no se quedan atrás. También tendremos los niveles típicos de este tipo de juegos, como un pantano venenoso, o cuevas muy oscuras. El diseño de los niveles es más abierto y la interconexión entre las diferentes áreas sigue los elegantes patrones de FromSoftware donde al avanzar, eventualmente abrirás un atajo que te llevará de vuelta a una ubicación conocida.

Dentro de las similitudes con los títulos anteriores, tenemos un área que funciona como base en el Templo Dilapidado. En ese lugar es donde se encuentra el Escultor, que nos proporciona mejoras para el brazo prostético y puede instalar los accesorios que vayamos encontrando. También se encuentra Emma, una doctora que nos ayudará a mejorar nuestro ítem para recuperar salud, entre otras cosas.

Durante el juego encontraremos los Ídolos del Escultor, que funcionan de manera similar a las hogueras de Dark Souls: podemos descansar en ellas para recuperar energía y rellenar algunos ítems, también podemos mejorar habilidades y podemos realizar un viaje rápido entre ellos a medida que los vayamos encontrando.

Tal como lo dice el subtítulo del juego, “las sombras mueren dos veces”, y es así como al morir tenemos la posibilidad de resucitar con la mitad de la barra de salud, lo cual nos da una nueva oportunidad para seguir peleando, o si lo prefieres, para escapar. El poder revivir te da cierto grado de respiro, pero nada queda sin consecuencia: Si mueres una vez, volverás al último ídolo y perderás la mitad de tu experiencia y monedas recolectadas. No hay forma de recuperar lo perdido, pero hay cierto porcentaje de posibilidad de recibir una intervención divina llamada Ayuda Invisible, la que te otorga la posibilidad de continuar sin perder nada. Ahora, si revives y mueres por segunda vez, existe la posibilidad que, al jugar con las fuerzas divinas de la resurrección, algunos NPCs se enfermen con la Dracogripe, lo que los dejará tosiendo de manera intensa y tu porcentaje de posibilidad de recibir la Ayuda Invisible se reducirá cada vez desde su máximo de 30%, hasta llegar al mínimo de 5%.

La experiencia y el dinero funcionan como recursos separados: al completar la barra de experiencia se te otorga un punto que sirve para desbloquear nuevas habilidades, y el dinero sirve para comprar ítems o mejoras a los distintos mercaderes y al Escultor. Para aumentar tu salud máxima debes juntar unas perlas que son encontradas en el mundo o son dejadas por jefes al derrotarlos. No existen nuevas armas o sets de armaduras, sólo pelearás con tu katana y tu brazo prostético y sus accesorios.

Si bien el juego no se queda atrás en la legendaria dificultad de los títulos de Miyazaki, Sekiro es bastante más amigable a la hora de explicar las mecánicas, y cuenta no tan solo con tutoriales que explican y enseñan las diferentes funciones del juego, sino que también tendremos un amigable NPC inmortal que nos permite entrenar y practicar con él para perfeccionar nuestras técnicas.

A los fans de los trabajos anteriores de Hidetaka Miyazaki y compañía, déjenme decirles que la expectativa con este título se cumple a cabalidad, nuevamente FromSoftware nos presenta con una experiencia desafiante e intrigante por igual medida, la cual subvierte muchas de las nociones que traen los veteranos de los juegos de la compañía, sin dejar de sentirse familiar al mismo tiempo. Sekiro es un juego que te hará morir muchas veces, y disfrutarás cada una de ellas con una nueva lección aprendida. Y cuando por fin derrotes a ese jefe después de 20 intentos o más, no hay sensación de satisfacción similar en otros videojuegos. Nuevamente estamos frente a una obra maestra, y si bien el juego no es para todos (ya muchos quisieran un modo fácil), para quienes disfrutamos de un buen desafío, hay pocas experiencias que estén a la altura.